CARTA ABIERTA A TODOS LOS COMPAÑEROS DE LA
UNEY
(el 25 de abril de 2013, ante la
posibilidad, por tercera vez desde el septiembre negro de 2011, de sabotear el
crecimiento de la Asamblea)
“Lo que ocurre no ocurre tanto porque algunas personas quieren que eso ocurra, sino porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, deja hacer, deja que se aten los nudos que luego sólo la espada puede cortar, deja promulgar leyes que después sólo la revuelta podrá derogar, dejar subir al poder a los hombres que luego sólo un motín podrá derrocar”.Antonio Gramsci. Odio a los indiferentes.
“Sartre nos enseñó a decirnos: “Sois responsables en tanto que individuos”. Era un mensaje de libertad. La responsabilidad del hombre que no puede confiar ni en un poder ni en un dios. Al contrario, es necesario comprometerse en nombre de LA PROPIA RESPONSABILIDAD COMO PERSONA”. Stephane Hessen, Indignaos!
Estimados colegas profesores y
compañeros todos:
La
situación de la Uney ha devenido en una situación de crisis general en un grado
extremo pero, al mismo tiempo, ha tomado las formas de una rutina que apaga
nuestras fuerzas y nuestra pasión para reaccionar correctamente y de un modo
que nos devuelva la esperanza de recuperar la dignidad de nuestro trabajo y de
nuestra institución. Pero, hacerlo, de verdad, sin embargo, no es un imposible.
Así
tenemos que, a la falta de una conciencia y de una cultura universitaria que
nos haga más consciente en el uso y defensa de este espacio, se ha sumado
además una enorme fractura moral y colectiva (afectiva, quizás) de toda la
comunidad, que ha lesionado profundamente nuestra capacidad de reaccionar como
un solo bloque frente a toda esta crisis. La falta de compromiso, la apatía, la
indolencia, la ceguera y la ignorancia que tienen un origen muy diverso, nos
imposibilitan para reaccionar y, a la vez, causan desaliento en el resto de
nuestros compañeros. Puede haber quienes, por mezquindad de espíritu, celebren
el fracaso de cada intento de levantarnos contra la injusticia y la ilegalidad.
Pero también hay quienes nos levantamos una y otra vez y no perdemos la
esperanza a pesar de todas las recaídas, lo cual nos ha permitido aprender más
de nosotros mismos, reconocer errores (frente a quienes nos adversan como
frente a nosotros mismos) y crear una conciencia cada vez mayor de que, a pesar
de esos errores (a la vez que reconociéndolos) y del aislamiento en que
ocasionalmente nos hayamos visto, estamos construyendo una historia de la Uney
que nos restituye nuestra dignidad, por más pequeños que nos veamos ante los
poderes que enfrentamos.
Esta
recuperación y este crecimiento lento de nuestra conciencia universitaria se ha
dado solo gracias a uno de los ejercicios fundamentales de la vida humana de
estos días: la práctica de la democracia, cuyo régimen nos enseña esencialmente
que cada ciudadano depende de los demás, sean quienes sean los demás, y que
somos iguales en dignidad humana. Y la práctica de la democracia se ejerce, del
modo más pleno en nuestras universidades, a través de las asambleas generales. La democracia no es algo que se
nos entregue ya dado sino una práctica constante en la cual ella misma se
actualiza y se realiza. Necesitamos, por tanto, de una educación permanente de
la democracia lo cual conseguimos a través de y en el seno de la asamblea
general. El mismo espíritu de las universidades modernas hace que las asambleas
constituyan el órgano esencial, en una situación de anomia e ilegalidad como es
el caso de la Uney, que puede crear y generar legitimidad, de conformidad con
el artículo 70 de la CRBV.
Ello más
aún en las Universidades porque las Universidades, en la medida en que su
objeto esencial es la búsqueda de la verdad y la creación de conocimiento
nuevo, del cual se desprenden los demás, dicha búsqueda sólo es posible en un
ambiente de extrema libertad y, al mismo tiempo, de tolerancia de la diversidad
y de lo otro. La deliberación y la tolerancia son esenciales, entonces,
para la vida de las universidades. Y esa
deliberación nos educa en la palabra pública y en la conciencia del valor que
esta misma posee. Por eso decimos que hemos crecido mucho bajo las condiciones
de esta misma crisis que ahora padecemos. Pero aún sigue siendo necesaria una
continua deliberación que nos lleve a buscar buenas razones para mejores
decisiones en el seno de la asamblea que nos reúne con todas nuestras
deficiencias y diferencias, y nuestras suficiencias y semejanzas.
No “odio
a los indiferentes” porque quizás no es necesario llegar a tanto. Pero nada más
en contra del futuro que ese pantano de la apatía en que se inmovilizan, como
en una flagrante y escandalosa falta de amor a sí mismos. Necesitamos, por
tanto, no una “tolerancia pasiva” falsa, indiferente, estéril, escéptica e
irresponsable, que no le importa lo que ocurra en la Uney, sino una tolerancia
activa que no se desanima ni renuncia a la búsqueda de un consenso a pesar de
todas las diferencias, y para lo cual se necesita temple y valentía. Los
problemas de la Uney sólo se resuelven por la vía de la asamblea general. No
gracias a grupitos, líneas de partidos o la voluntad de dos genios o de los
dueños circunstanciales de su gobierno. Porque esta es la vía más transparente,
más sensata y más democrática.
Por
tales razones, siendo que estamos en una hora crucial y decisiva para todos sin
excepción, invitamos a aquellos profesores, estudiantes y demás miembros de la
comunidad uneyista que se autoexcluyen de participar en las asambleas, a
reflexionar y a deponer su actitud de extremo individualismo, de indolencia, de
desidia, de desaliento o de resquemor,
según sea el caso. Pues, en ello encontramos una falta grave de altura de
conciencia para reconocer lo que el momento exige y lo que significa renunciar
al derecho de palabra y al ejercicio de la autonomía en el seno de la asamblea
general y ceder, así, su espacio a otras voces que influirán en decisiones
sobre las cuales podrían luego no estar de acuerdo, perdiendo de igual modo el
derecho efectivo a objetarlas con validez moral.

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