lunes, 23 de diciembre de 2013

ILUSION Y METAMORFOSIS DE UNA UNIVERSIDAD


En la Uney,  un desorientado Don Quijote ha sido fácilmente descabalgado por Aldonza Lorenzo.
Esta moza labradora, soliviantada, abandonó los oficios del campo no por amor al saber sino al poder. Sus secuaces y sayones avanzan en todas las Universidades. Con el mismo espíritu trasmutador en que amanece  Lucio en Asno y Samsa en Chiripa. Y con la misma arenga del renegado Sinam Bey  concitando al Rey Turco a no favorecer ni escuchar las alabanzas de las artes y las ciencias,y, sobre todo,de las Humanidades, que acobijaron Grecia y Roma: “Roma, cuando desde un surco que no cabía dos celemines de sembradura se creció República inmensa, no gastaba en Doctores ni libros, sino en soldados y astas. Todo fue ímpetu, nada estudio”.

¿Qué cual ALDONZA LORENZO? La otra, la Dulcinea real (la de la atmósfera de lo fácil, la de la  costumbre del camino más corto y el arribo oportunista del pícaro con toga y birrete, la de la llaneza del mediocre sin humildad, la de la  vulgaridad sin el fino espíritu de los hombres sencillos) la Dulcinea de la provincia mental en que vivimos y mentimos, y de la cual, por lo pronto, no salimos.
Ya lo dijo Cervantes mismo de esa primeriza doña Bárbara, que tuvo “la mejor mano para salar puercos que toda otra mujer en toda La Mancha”: 
“—Bien la conozco —dijo Sancho—, y sé decir que tira tan bien una barra como el más forzado zagal de todo el pueblo. ¡Vive el Dador, que es moza de chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho, y que puede sacar la barba del lodo a cualquier caballero andante o por andar que la tuviere por señora! ¡Oh hideputa, qué rejo que tiene, y qué voz! Sé decir que se puso un día encima del campanario del aldea a llamar unos zagales suyos que andaban en un barbecho de su padre, y, aunque estaban de allí más de media legua, así la oyeron como si estuvieran al pie de la torre. Y lo mejor que tiene es que no es nada melindrosa, porque tiene mucho de cortesana: con todos se burla y de todo hace mueca y donaire” (I, 25, 283).

Claro está, que, ante los bárbaros que la acicatean y entronizan sobre la grupa de esa mula en el caos, y a quienes no interesa el saber sino sus tres pollinos y su queso de oveja, no debemos dar tregua a la imaginación y contestar siempre: “conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia”.

Porque, en verdad, secretamente sanchopancistas de corazón sensible, también soñamos o pensamos: "Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo, o si es fantástica, o no es fantástica; y éstas no son de las cosas cuya averiguación se ha de llevar hasta el cabo. Ni yo engendré ni parí a mi señora, puesto que la contemplo como conviene que sea una dama que contenga en sí las partes que puedan hacerla famosa en todas las del mundo…".


Y así la UNEY: moza taimada que pudiera llegara ser  hermosa pero que todavía no existe, para la resignación de estas bellas tierras salvajes del Yaracuy y asiento de un pueblo que ha dado en carnavalesco. Ni tan idealistas ni tan ordinarios pragmatistas. Sin erráticas cabalgaduras, sobre la realidad, de pie, como sobre el suelo duro de la dignidad, pensamos, soñamos y actuamos. Vencidos, pero no convencidos, entre los "hunos" y los "hotros". Ni confundidos por ningún delirio neototalitario ni acobardados por lo que se pueda perder. A no ser, como para el sudoroso convaleciente, el mal sueño de algo que todavía no hemos podido soñar bien.

viernes, 8 de noviembre de 2013

EN LA FILA DE SUS PUPITRES NUNCA VERAN EL MIO



La manada sorda, anónima, plural, que en la calle lincha a un hombre por inercia, por fanatismo o  miedo, tal como pavorosamente lo deja ver algún documental por la televisión, es la misma manada que calla y deja cobarde e indolentemente pasar todo en la UNEY y en el país.
 No importa si la noche antes pontificaron apasionadamente sobre la justicia, la revolución o la dignidad  entre familiares y tragos: al fin y al cabo, el mal siempre son los otros y hay que ir a por ellos! Dan vueltas alrededor de leyes que no cumplen como en una noria absurda y se obligan a asistir a congresos sobre “pensamiento crítico” al cual acuden y asienten obedientemente y con la sumisión de los buenos militantes que se cuida bien de llevar sus orejeras correctamente.
Lo cierto es que, del mismo modo, en la rutina del trabajo todo vuelve  siempre a someterse  a la misma ley de la indiferencia, el acomodo y el silencio cómplice: ley de la mediocridad moral y ley del mínimo esfuerzo que lo mediocriza todo al mismo ras de un igualitarismo cobarde y del mismo linaje del resentimiento y la venganza: todos nos parecemos, por tanto, todo está disculpado entre nosotros. Pragmatismo de un racionalismo mezquino que solo ve la utilidad propia, en “las aguas frías del cálculo egoísta”: prodigioso materialismo dialéctico que, invicto, se repite a sí mismo infinitamente igual en sus pasillos. Muertos vivos sin pensamiento propio cuyas “rejas mentales” nunca podrán traspasar porque no pueden verlas como no pueden mirarse a sí mismos.  Son la versión bufa de The walkind dead a quienes, instigados por la presencia hipnótica de su uniforme cantidad y excitados por el rumor rítmico de hacer todos lo mismo,  hay que cantarles El Plural (de George Brassens) sin esperanza de que despierten sino sólo para animarnos nosotros mismos:
““Querido señor, usted es un caso aparte”, me dijeron, / cuando me rehusé a montármeles al tren./ Sí, sin duda, pero yo no me las doy de apóstol./ Yo, que para ser alguien no necesito a nadie.
‘El plural no le vale al hombre para nada, y tan pronto/ como hay más de cuatro, lo que hay es una partida de pendejos./Rancho aparte, caramba! Es mi norma y a ella me debo./ Entre los nombres de los que van, nunca verán el mío!…
‘La causa era noble, era buena y hermosa!/ Estábamos enamorados y nos casamos con ella./ Deseábamos ser felices todos juntos con ella./ Éramos demasiado numerosos y la hemos cagado!/...
‘Yo soy el que pasa de largo ante sus fanfarrias./ Y que canta con sordina la canción subversiva./ Y le digo a esos señores que se asustan de mis notas:/ “soy tan músico como vosotros, atajo de ruidosos”.
‘El plural no le vale al hombre para nada, y tan pronto/ como hay más de cuatro, lo que hay es una partida de pendejos./ Rancho aparte, carajo! Es mi regla y a ella me debo./ En la fila de sus pupitres, nunca verán el mío…”

viernes, 4 de octubre de 2013

IN ICTU OCULI


En un abrir y cerrar de ojos, instituciones, fortunas y prestigios se esfuman y evaporan, sean propiciados, o no,  por el deseo, la soberbia, la insidia, la prevaricación o la simple avaricia, qué más da.  Igualmente sedas, armas, joyas, libros  y el mundo entero son pisoteados y degradados por la decadencia y el tétrico aspecto de todo lo que muere y su brutal fuerza igualadora.

La Vanitas será y pasará. Y pasará la huella leve de quien vivió con dignidad junto a quienes se pusieron un precio por dos monedas o tres privilegios. Ansiedad de los supermercados, ronroneo de las abejas de la adulación y musgo maloliente de la mediocridad creciendo en las universidades.

Vivimos tiempos de disipación y de bajeza. Y, en la vía, la mayoría se lanza sobre la carga de carne congelada del camión sobre cuyo volante duerme el cadáver todavía fresco del chofer. Y sobre las instituciones y sobre los cargos públicos: como en ruinas donde todo es botín para quienes se citan a un festín desolador.

Más sencilla y distinta la comida que nos sirvió Rene Char:  “A todas las comidas que compartimos, invitamos a la libertad a nuestra mesa. La silla queda vacía, pero el plato está puesto”.

(El video  que sigue, corresponde a una obra de la artista española Greta Alfaro llamado In ictu oculi (2009), en la tradición actual de parodias artisticas de la obra homónima de Juan de Valdés que encabeza a este texto)

miércoles, 14 de agosto de 2013

LA ENTRAÑABLE ANTIPATRIA


LÁZARO ÁLVAREZ




Toda nación surge, como todo ego, aparte de otras ficciones aparentemente más gloriosas y sabidas, de aquello que constituye el enfrentamiento y la exclusión, de lo que se construye sobre la exaltación de sí y la negación del otro. Aspiración a una Unidad Superior, lo que nos une es lo que niega a los demás. Y, así, pasamos siglos entre sacrificios, ceremonias y batallas, construyendo nuestras patrias: qué difícil y, al mismo tiempo, simple, o trágico y sublime, patético y ridículo, este asunto de estar unos junto a otros. Este otro aspecto de los nacionalismos, y no sus formas positivas ya excesivamente ponderadas, es lo que creemos necesario de mayor reflexión.
La fascinación fetichista por la identidad, ese “bucle melancólico” que nos afanamos en rizar, no permite distinguir entre conciencia nacional y nacionalismo. La primera, una forma lúcida y saludable de identidad social, pero el segundo implica, según Savater, “un origen traumático y comporta agresividad”, es decir, un frenesí narcisista y un paranoico delirio persecutorio.
Cuando en mi ingenuo segundo año de bachillerato me enfrentaron al sentido de esa contingencia que llamamos patria (esa “hija de la guerra”, para Sánchez Ferlosio), recuerdo no encontrar ninguna definición que me satisficiera, excepto unos años después el iluminador poemita (“Alta traición”) de José Emilio Pacheco. Hice un esfuerzo sobrehumano para dar un concepto en un discursito como vicepresidente de la Sociedad Bolivariana: nada más inauténtica que esa devoción obligada tan parecida a las coacciones de conducta que padece todo adolescente en el seno de su propia pandilla.
Aparte de las gestas y reelaboraciones, hipócritas u honestas, a que se echa mano para eso que también denominamos nuestra autodeterminación, y de su probable necesidad humana, las patrias también nos resultan ambiguas en el modo de sus ritos (“de autosatisfacción”), sobre todo en aquellos decimonónicos, a ratos melancólicos, a ratos pesados, como lo son los himnos. Pues, particularmente patética es la “himnosis” obsesiva a que nos sometemos los venezolanos (mañana, tarde y noche), desde hace tanto tiempo, como si la primordial preocupación por definirnos -de nuestros primeros pensadores- tuviera que ver más con el rígido choque de talones militar o con el obsesivo puritanismo étnico-cultural que se resiste a permitir que caiga, de una vez por todas, la hoja de parra originaria de nuestra identidad. Como si no bastaran los modestos rituales que hace una mínima costumbre y como si, exagerándolos, con este mismo exceso, desconfiáramos secretamente de dicho patriotismo.
Como es sabido, la gran mayoría de las letras de esos cantos mecánicos y resonantes de escuelas, plazas y de estadios, constituyen fórmulas esotéricas e hiperbólicas que nunca comprendemos como el “Oíd, mortales, el grito sagrado!”. Desde los “que perezca mi raza altanera/ cual mi tribu inmortal Jirajara.”, pasando por “Salve! El pueblo que, intrépido y fuerte/ A la guerra a morir se lanzó”, o  el "Mexicanos, al grito de guerra, el acero aprestad y el bridón",  hasta eso de “regar la tierra con la sangre impura”, no sólo presumen de una dudosa calidad literaria sino de una anacrónica exaltación de "el éxtasis de la victoria, el placer del predominio, la ambición de hegemonía, el furor de la autoafirmación".(Sánchez Ferlosio), pretextos comunes a la patria y al impulso de la guerra. A las “marsellesas” altisonantes y belicistas de todos los países que cantan “Deutschland über Alles, über alles in der Welt (Alemania por encima de Todos, por encima de Todos en el Mundo)", prefiero el canto a la naturaleza del himno indio compuesto por Tagore: “Mi Bengala de oro, te amo./… En primavera, oh madre mía/ La fragancia de tus cultivos de mango/ Me hace un salvaje con alegría”.
Hay dos sentimientos espontáneos ante lo humano o lo inauténtico: la solidaridad inmediata o el distanciamiento. Puedo conmoverme hasta el límite de lo cursi con el  llanto imprevisto de un viejo portugués en Óbidos porque reconoció mi voz venezolana en una frontera desconocida y donde no se podía articular palabras. Pero no evitar la sensación de estafa ante las retóricas patrioteras de cualquier parte.
De allí mi rechazo por la estridencia de los himnos militares, los mítines, los cánticos fanáticos y por los patriotismos furibundos que justifican matanzas alzándolas a sublimes gestas de virilidad. Siempre he sentido una nostalgia distinta a la de las hipócritas ceremonias públicas. También mi arraigo es otro, paradójico. El doble exilio de quien no regresa sino siendo siempre inevitablemente otro, extranjero en la tierra, en todos los lugares. Nostalgia que no acaba: la entrañable antipatria es también un amor infinito que se rehace y se renueva siempre. Nunca somos perennemente idénticos. Nunca estamos definitivamente en casa. No existen patrias puras.


Recuerdo una singular frase de Vernant grabada en el puente de Europa que une Estrasburgo y Kehl y que debiéramos nosotros inscribir, también, no sólo en todos nuestros puentes sino en las entradas de todas las ciudades: "Para ser uno mismo hay que proyectarse en lo que nos es extranjero, prolongarse en ello y por ello. Permanecer encerrado en la propia identidad equivale a perderse y a dejar de ser. Nos conocemos y nos construimos gracias al contacto, el intercambio y el comercio con el otro. El hombre es un puente".
                                                                       (Publicado en Tal Cual el 26/08/12)

domingo, 4 de agosto de 2013

CONTRA LA INDIFERENCIA


CARTA ABIERTA A TODOS LOS COMPAÑEROS DE LA UNEY
(el 25 de abril de 2013, ante la posibilidad, por tercera vez desde el septiembre negro de 2011, de sabotear el crecimiento de la Asamblea)
“Lo que ocurre no ocurre tanto porque algunas personas quieren que eso ocurra, sino porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, deja hacer, deja que se aten los nudos que luego sólo la espada puede cortar, deja promulgar leyes que después sólo la revuelta podrá derogar, dejar subir al poder a los hombres que luego sólo un motín podrá derrocar”.Antonio Gramsci. Odio a los indiferentes.

“Sartre nos enseñó a decirnos: “Sois responsables en tanto que individuos”. Era un mensaje de libertad. La responsabilidad del hombre que no puede confiar ni en un poder ni en un dios. Al contrario, es necesario comprometerse en nombre de LA PROPIA RESPONSABILIDAD COMO PERSONA”. Stephane Hessen, Indignaos!
Estimados colegas profesores y compañeros todos:
La situación de la Uney ha devenido en una situación de crisis general en un grado extremo pero, al mismo tiempo, ha tomado las formas de una rutina que apaga nuestras fuerzas y nuestra pasión para reaccionar correctamente y de un modo que nos devuelva la esperanza de recuperar la dignidad de nuestro trabajo y de nuestra institución. Pero, hacerlo, de verdad, sin embargo, no es un imposible.
Así tenemos que, a la falta de una conciencia y de una cultura universitaria que nos haga más consciente en el uso y defensa de este espacio, se ha sumado además una enorme fractura moral y colectiva (afectiva, quizás) de toda la comunidad, que ha lesionado profundamente nuestra capacidad de reaccionar como un solo bloque frente a toda esta crisis. La falta de compromiso, la apatía, la indolencia, la ceguera y la ignorancia que tienen un origen muy diverso, nos imposibilitan para reaccionar y, a la vez, causan desaliento en el resto de nuestros compañeros. Puede haber quienes, por mezquindad de espíritu, celebren el fracaso de cada intento de levantarnos contra la injusticia y la ilegalidad. Pero también hay quienes nos levantamos una y otra vez y no perdemos la esperanza a pesar de todas las recaídas, lo cual nos ha permitido aprender más de nosotros mismos, reconocer errores (frente a quienes nos adversan como frente a nosotros mismos) y crear una conciencia cada vez mayor de que, a pesar de esos errores (a la vez que reconociéndolos) y del aislamiento en que ocasionalmente nos hayamos visto, estamos construyendo una historia de la Uney que nos restituye nuestra dignidad, por más pequeños que nos veamos ante los poderes que enfrentamos.
Esta recuperación y este crecimiento lento de nuestra conciencia universitaria se ha dado solo gracias a uno de los ejercicios fundamentales de la vida humana de estos días: la práctica de la democracia, cuyo régimen nos enseña esencialmente que cada ciudadano depende de los demás, sean quienes sean los demás, y que somos iguales en dignidad humana. Y la práctica de la democracia se ejerce, del modo más pleno en nuestras universidades, a través de las asambleas  generales. La democracia no es algo que se nos entregue ya dado sino una práctica constante en la cual ella misma se actualiza y se realiza. Necesitamos, por tanto, de una educación permanente de la democracia lo cual conseguimos a través de y en el seno de la asamblea general. El mismo espíritu de las universidades modernas hace que las asambleas constituyan el órgano esencial, en una situación de anomia e ilegalidad como es el caso de la Uney, que puede crear y generar legitimidad, de conformidad con el artículo 70 de la CRBV.
Ello más aún en las Universidades porque las Universidades, en la medida en que su objeto esencial es la búsqueda de la verdad y la creación de conocimiento nuevo, del cual se desprenden los demás, dicha búsqueda sólo es posible en un ambiente de extrema libertad y, al mismo tiempo, de tolerancia de la diversidad y de lo otro. La deliberación y la tolerancia son esenciales, entonces, para  la vida de las universidades. Y esa deliberación nos educa en la palabra pública y en la conciencia del valor que esta misma posee. Por eso decimos que hemos crecido mucho bajo las condiciones de esta misma crisis que ahora padecemos. Pero aún sigue siendo necesaria una continua deliberación que nos lleve a buscar buenas razones para mejores decisiones en el seno de la asamblea que nos reúne con todas nuestras deficiencias y diferencias, y nuestras suficiencias y semejanzas.
No “odio a los indiferentes” porque quizás no es necesario llegar a tanto. Pero nada más en contra del futuro que ese pantano de la apatía en que se inmovilizan, como en una flagrante y escandalosa falta de amor a sí mismos. Necesitamos, por tanto, no una “tolerancia pasiva” falsa, indiferente, estéril, escéptica e irresponsable, que no le importa lo que ocurra en la Uney, sino una tolerancia activa que no se desanima ni renuncia a la búsqueda de un consenso a pesar de todas las diferencias, y para lo cual se necesita temple y valentía. Los problemas de la Uney sólo se resuelven por la vía de la asamblea general. No gracias a grupitos, líneas de partidos o la voluntad de dos genios o de los dueños circunstanciales de su gobierno. Porque esta es la vía más transparente, más sensata y más democrática.

Por tales razones, siendo que estamos en una hora crucial y decisiva para todos sin excepción, invitamos a aquellos profesores, estudiantes y demás miembros de la comunidad uneyista que se autoexcluyen de participar en las asambleas, a reflexionar y a deponer su actitud de extremo individualismo, de indolencia, de desidia, de desaliento  o de resquemor, según sea el caso. Pues, en ello encontramos una falta grave de altura de conciencia para reconocer lo que el momento exige y lo que significa renunciar al derecho de palabra y al ejercicio de la autonomía en el seno de la asamblea general y ceder, así, su espacio a otras voces que influirán en decisiones sobre las cuales podrían luego no estar de acuerdo, perdiendo de igual modo el derecho efectivo a objetarlas con validez moral.

CONTRA EL DESAFUERO Y LA OPACIDAD



(La que sigue es una carta escrita y aprobada en Asamblea de la Comunidad Uneysta exigiendo transparencia y respeto a las decisiones consensuadas y a las vías democráticas de solución de conflictos en el seno de una Universidad libre y autónoma)


San Felipe, 13 de mayo de 2013.
Señores Autoridades Rectorales designadas por el MPPPES.
Universidad Nacional Experimental del Yaracuy.
Su despacho.-
                    
  Estimados Señores:
                                                            Nos dirigimos a ustedes en la oportunidad de hacer de su conocimiento la solicitud discutida en asamblea del lunes 13  mayo de los corrientes, relativa al reconocimiento de los representantes de los sectores elegidos por la comunidad universitaria de la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy, UNEY.
          Ello es que, como ustedes bien saben, en los períodos de septiembre-octubre de 2011, febrero-junio de 2012 y nuevamente reactivadas desde el 13 de febrero hasta la actualidad del presente año,  y siempre por iniciativa de la comunidad, se han venido realizando (hasta ahora ocho en este sólo año) asambleas generales y reuniones con la finalidad urgente de constituir el Consejo Universitario, máxima autoridad de la institución, entre otros asuntos relativos a la crisis que se vive en la UNEY. A consecuencia de ello, el 21 de marzo de 2013 se firmó un acuerdo con ustedes para conminarlos a solicitar formalmente ante el Ministerio respectivo la designación del representante del mismo ante el Consejo Universitario, y organizar mesas de Trabajo para establecer diálogos, entre autoridades y representantes de sectores elegidos, para la instalación del primer Consejo Universitario,  elegido por la Comunidad, con fecha probable entre el 16 y el 19 de abril del presente año.
          Sin embargo, en la reunión de la Segunda Mesa de trabajo, del 10 de abril, los representantes de los sectores, Lic. Nilda Noguera, por los jubilados, Prof. Lázaro Álvarez, por los docentes, Lic. Raudy  Guédez, por los egresados, y el Br.  Alexander Morey, por los estudiantes, les plantearon la aceptación del representante de los Coordinadores para conformar el consejo Universitario cuya petición fue denegada. Del mismo modo, expresaron, por voz del vicerrector, que tampoco aceptaban la representatividad de los demás sectores, específicamente, de los profesores y de los estudiantes, e incluso, que se podía impugnar, bajo el concepto de que no existen elecciones perfectas, la de los jubilados y egresados, pero que era posible, sin embargo, aceptarlos sólo a éstos últimos.
                    Las razones aducidas para no reconocerlos como tal, en  ese momento, fueron argüidas de distinta manera para cada caso pero de un modo muy general en un breve comentario verbal y con cifras que son inexactas o con interpretaciones que difieren, en una primera impresión, de las que manejan las comisiones de la Asamblea General. A pesar de que se les argumentó, a través de la Lic. Noguera y el profesor Álvarez, de la urgencia que se vive, de la ilegalidad de todas las estructuras de gobierno de la UNEY y de la necesidad de avanzar en esto para constituir un Consejo Universitario previo que se limitaría a crear las condiciones jurídicas y administrativas necesarias para volver a convocar a elecciones de dichos representantes, no se pudo llegar a un acuerdo. Al finalizar la reunión, el prof. Lázaro Álvarez, en vista de este inesperado giro de las conversaciones y de la vaguedad y el posible error de las argumentaciones del Vice-rector,  se limitó a exigir que las autoridades consignaran por escrito,  las argumentaciones y las fundamentaciones de sus impugnaciones y del no reconocimiento de estas figuras, así como reiteró la exigencia de que se publicara en la web de la UNEY el Reglamento vigente de nuestra Universidad y cesara, por fin de esta manera, la existencia clandestina de este documento tan esencial.
          A un mes de dicha petición, y ante la ausencia de respuesta a tales solicitudes, en vista de la grave situación por la que atravesamos, nuevamente la Asamblea en pleno conmina a las autoridades a dar respuesta de manera formal, por escrito y con la seriedad y urgencia que amerita la altura de las circunstancias actuales, a nuestra petición de que consignaran dichas argumentaciones con sus fundamentaciones. De no hacerse, no se podría dar respuesta a esta posición ni pueden seguir avanzando las conversaciones, además de que, confirma la sospecha de que dichas autoridades no expresan ni la capacidad ni una voluntad verdadera de solucionar el estado de marasmo  ni la grave fractura legal, administrativa y académica por la que atravesamos, mucho menos a través de la vía más transparente, honesta y democrática que implica la participación real de todos que se quiere expresar con estas asambleas.
Sin más, firmamos abajo en concordancia con lo que aquí expresado,

(Siguen firmas de asistentes de la Asamblea)

lunes, 29 de julio de 2013

PREPARATIVOS PARA LA PELEA

(Elogio de la  universidad como asamblea del pensamiento)

                                                    Lázaro Álvarez
                                                              “Cuanto más grandes sean, más daño se harán al caer”, Bob Fitzsimmons, campeón de peso pesado más ligero que ha existido.

“…contra el poder/ que nunca abraza a los que pueden pensar/ contra el poder que siempre miente/ en nombre de la verdad/ contra el poder que nos convierte en extraños/  contra el poder que debilita y nada da/ que sólo quita/ y deshace lo que está/ contra el poder…”
Canción de Pedro Guerra.


Insólito cómo las diferencias entre creencia y razonamiento, u opinión y argumento,  o emociones e ideas, aparecen confusas en algunos profesores. Insólito aún más cuando opinan sobre categorías que pertenecen a realidades distintas y escamotean instituciones de instrucción pública por Universidades.
Así dicen: “el estudiante es nuestra razón de ser”, como si hablaran de un liceo. O “Asamblea es una reunión y yo sólo atiendo a las de mi coordinador”. O “las universidades se deben al Plan Nacional Simón Bolívar”, afirmaciones absurdas cuando se trata, no de instituciones de educación superior, sino de Universidades, espacios para el conocimiento.
Esta falta de precisión es la que hace que, mientras hablan de la belleza habida en el hecho de que nuestra Constitución defienda la diversidad, o del odio de los otros en seminarios sobre la paz mundial, monten en cólera  cuando alguien se atreve a contrariarlos.
Es hipócrita la creencia de que se respeten las ideas de los demás: se respeta a la persona,  no a las ideas. Si las ideas se reverenciaran como a  ídolos no cambiarían, ni progresarían ni se pudiera ser crítico ante nada, y el suyo sería un reino de sórdido silencio inamovible. Sin embargo, jamás debemos irrespetar la dignidad de nadie por pensar diferente. La dignidad de la persona humana es sagrada. Pero no puede haber mayor distancia entre emociones e ideas, entre cuerpo e intelecto o conciencia de sí y realidad personal, de lo cual todos pecamos un poco, como en el caso aquel de los coléricos: el cisma es abismal. Falta aquí, lucidez, que sólo se recibe en la refriega diaria con los otros y con nosotros mismos. Y falta la precisión que sólo nos la da la reflexión continua.
Así, las definiciones de asamblea. Hay, claro está, asambleas, aquelarres, concilios, cogollos, reuniones y conspiraciones, todas palabras parecidas pero padecidas de maneras distintas. El matiz que las distingue está en la calidad de la experiencia de libertad y autonomía que hayamos tenido la suerte de vivir. Todas estas, definiciones necesarias que nunca terminaríamos de precisar pero, en cuyo curso, nos definimos a nosotros mismos: el lenguaje nos habla.
Y lo más propio de las asambleas es que, en su círculo, el mazo autoritario del jefe se ha desvanecido, aunque todavía, para quien vive con miedo, encuentre su sombra por todos lados, e incluso, la necesite. Por tal razón,  en la UNEY, nunca se había hablado con tanta libertad y menos miedo, como ahora. Es un espacio que se ha conquistado, no que se ha concedido. En el mismo sentido en que Sartre decía que “nunca habíamos sido tan libres como durante la ocupación alemana”. Con él estamos cuando afirma que “el acto revolucionario es el acto libre por excelencia”. Pero de él nos separamos cuando defiende una violencia “purificadora”. Ninguna construirá un hombre nuevo: para Simone Weil, el frío acero de la violencia es tan mortal por la empuñadura como por la punta. Preferimos el razonamiento, el debate, las ideas, cuya casa más natural y elevada es el espacio de las universidades.
Asamblea es, entonces, espacio libre de autorrepresentación de nuestras posibilidades donde se mitiga la sombra autoritaria de la sumisión, la humillación y la enajenación a que nos someten siempre los caciques y pequeños caudillos, los cogollos y los grupitos de poder. Nada más intolerable para las mafias que las asambleas de hombres libres: las sabotean, las infiltran, las evitan, las difaman y las distorsionan. No las nutren, ni las mejoran, ni las defienden y desde su puerta gritan “aquí no hay nadie”, “tu no existes”.
Hay creencias, opiniones, emociones, pensamiento crítico y argumentaciones. Las creencias fueron verdades que cerraron los ojos y perdieron su vitalidad. Los razonamientos libres son frescos, abiertos y renovadores. Por eso puedo creer y nutrir mi creencia en nuevos razonamientos y experiencias, pero también cambiarla. Hanna Arendt decía que confundir los hechos con las opiniones es una agresión a la razón y no existe verdadera libertad de opinión donde ambos se confunden. Pero las opiniones, a diferencia de las argumentaciones, no procuran sostenerse en los hechos. Por eso preguntaba, “¿Está en la esencia  de la verdad el ser impotente y en la esencia misma del poder el ser falaz?”. Hay  una vocación innata del poder hacia la mentira y la manipulación. Y la lucha contra el poder es siempre una lucha de restauración de una verdad.
Esto es lo que ocurre en el uso de la palabra pública para encontrar verdades solidarias. La definición y la redefinición constantes. Puede haber apasionamientos, momentos críticos y desbordamientos pero la asamblea misma ofrece la oportunidad para el recentramiento, la reflexión y el diálogo. Es decir, la reorientación hacia el consenso: de lo individual a lo plural, de lo puramente instintivo a lo racional y espiritual. Afilamos la precisión de las palabras. Y tonificamos el corazón con la cabeza.
Eso es también la Universidad: debate y pensamiento creador. No lugares de instrucción ni rutinarios centros de profesionalización y adiestramiento. Ni centros de obediencia a un poder central. Mucho menos industrias o maquinarias de consolidación de creencias o doctrinas.  Las Universidades son grandes asambleas libres del conocimiento. Y las asambleas, el corazón mismo del espíritu libertario de las universidades. Lugar donde se realiza la mejor de todas las peleas. Claros del bosque: lugares de emancipación. Liza donde el espíritu derriba las grandes sombras del poder abusivo y las del miedo que erróneamente quiere cobijarse en el poder.
                                                                          (Publicado en el diario Tal Cual)