ALGUNOS PLANTEAMIENTOS A DISCUTIR EN LA ASAMBLEA:
(Lo que sigue
constituye una serie de puntos críticos de reflexión resumidos por el prof.
Lázaro Álvarez que se proponían a la primera Asamblea de enero de 2012, nunca
discutidos con la suficiencia que se merecían. Peor aún, un gran sector de esta comunidad
zombi de hombres y mujeres sin voz, sin conciencia y sin verdadera vocación
universitaria, lógicamente, jamás se
dieron por aludidos).
LO QUE NO QUEREMOS:
1. Que se imponga una orientación ideologizadora y
políticamente servil de tipo político-partidista a la Universidad, utilizando
lemas y eslóganes tergiversadores de sus verdaderas y altas funciones. Nosotros
ya somos el pueblo. La universidad no es un botín a repartir por los cogollos
partidistas.
2. Que se aparte o se minimice a la Universidad en su papel
como actor esencial en la producción y difusión del conocimiento y la cultura.
Y se le sustituyan sus funciones por las de otras instituciones sociales distintas.
3. Que se omita, se impida o se mediatice el ejercicio
irrenunciable del pensamiento crítico y la propiciación de un espíritu libre
ante el conocimiento, “ser y deber ser” de toda Universidad auténtica, para
volver al sistema de “premios y castigos” de la fidelidad personal o política.
4. Que se trivialice o se vacíe de contenido el concepto
definidor de autonomía universitaria,
haciéndolo algo difuso, impracticable y sujeto, condicionado y atado a las
ejecutorias de un “Estado Docente”,
cuyo concepto bien entendido sólo puede ser válido para educación primaria o
secundaria pero no para el alto nivel cuya función debe ser crear y y
transmitir conocimiento con libertad.
5. Que se privilegie, por encima de todo, el impacto social primario
de la educación universitaria, reduciéndola, con ese pretexto, a pura
“instrucción pública” y a la simple transmisión de destrezas probadas,
eliminando o minimizando las más
esenciales de investigación o la realización de tareas creadoras de alto nivel
o tareas intelectuales complejas. No a la desintelectualización
y trivialización de la Universidad. La universidad no es una escuelita ni un
liceo más grandecito ni un “Instituto de Nuevas Profesiones”.
6. Que las autoridades de turno se limiten, a mediano plazo,
sólo a cuestiones puramente operacionales y de gestión administrativa básicos y
simples (y además de un modo deficiente) y no se entreguen a crear, movilizar,
debatir o desarrollar aspectos cruciales de la cultura y el conocimiento
esenciales a la Universidad así como a la discusión abierta de la identidad y
orientación de la Uney. No a los programas educacionales y postgrados
portátiles y tapa amarilla. Sí, a la creación original con talento propio de la
Universidad a través de procesos auténticos de crecimiento institucional.
7. Que se vulnere la estabilidad estructural y funcional de
la Universidad para subordinarla o continuar subordinándola a grupos de poder
externos o para continuar impidiendo o lesionando la profundización de su vida
democrática.
LO QUE NOS PREOCUPA:
1. Que no se presente un estado diáfano de los procedimientos
administrativos y legales que permitan una recuperación de la Universidad en el
cien por ciento de sus funciones, y que represente, también, el retorno, o
mejor, el inicio, por fin, del
cumplimiento exacto y verdadero del Reglamento interno.
2. Que aún, a más de cuatro meses de su nombramiento, las
nuevas autoridades no hayan llamado a todos
los sectores de la comunidad universitaria para discutir y aclarar su situación
actual, apelando más bien a la inercia de la cotidianidad que pudiera terminar
por “normalizar” una cierta tradición de
irregularidades y arbitrariedades de una crisis cuyos fundamentos no se revelan
ni discuten nunca claramente. No existe un documento o un discurso coherente
que defina sus perspectivas y su visión de la Universidad, como debe ser de rigor en una institución como ésta. Podemos
suponer que, probablemente, se deba, no porque lo oculten, sino porque no tengan la capacidad de hacerlo.
3. Que se trivialice o se subestime el trabajo docente,
administrativo y, en general, académico, bien hecho, a pesar de todos los
errores, en doce años, y no se dé continuidad con dignidad a lo bien heredado. Y
que más bien se apueste, malintencionadamente y, para evitar ser comparados con
la gestión anterior, a su degradación y deterioro total o a una fusión artificiosa
con el IUTY.
4. Que no sepamos a ciencia cierta, con planes y documentos
muy concretos, si se reestructurará a la Universidad con el fin de garantizarle
el cumplimiento de su reglamento interno, el funcionamiento estructural y un
crecimiento institucional hacia una etapa de mayor madurez y hacia la creación
de nuevos espacios académicos y de unidades y centros de investigación
imprescindibles para tal desarrollo. O sólo con el fin de convertirla en instrumento de acciones ajenas a su esencia.
La Universidad Libre se construye abiertamente y entre todos, no bajo secretas
ambiciones ni por cogollos ni grupitos de poder.
TRES PROPUESTAS ANTE LA ANOMIA O CRISIS DE LEGALIDAD DE LA UNIVERSIDAD
1. La creación o recuperación de gremios que, a pesar de sus
limitaciones, puedan equilibrar la relación entre los factores de poder
internos a la Universidad para garantizar decisiones más democráticas y mayor
participación de todos. La Comuney, cuya directiva es elegida a discreción del
Rector, es una fundación legamente sometida y genuflexa a la potestad de las
autoridades rectorales que no ampara ni defiende a sus miembros frente a las
posibles injusticias a que se vean sometidos. Por tanto, se debe crear, según
las funciones, competencias e intereses de cada uno, una asociación de empleados y una asociación
de obreros y, en cuanto a los profesores, debemos solicitar a la directiva de
la APUNEY que permitan la reconstrucción de
una nueva asociación con el sacrificio de su renuncia a la directiva
actual y su reestructuración. Esto generará confianza y permitiría llamar a elecciones en un plazo
breve.
2. Que la Asamblea solicite formalmente, con un oficio y
nuestras firmas, la intervención del Consejo Nacional de Universidades (y no
del Ministerio) en el conflicto y declare, según el artículo 20, ordinal 14 de
la Ley de Universidades, a la UNEY en “Proceso de reorganización” y designe sus
autoridades interinas mientras se llama a elecciones en plazo de seis meses.
3. En última instancia, que la Asamblea introduzca, como
vía más apegada a las leyes y como organismo con competencia de representación
de la comunidad, un Recurso de Amparo en
el TSJ donde se declaren ilegales tanto a las autoridades anteriores como a las
actuales y se llame a elecciones generales a mediano plazo.

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