lunes, 29 de julio de 2013

DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA DE LA UNEY


ALGUNOS PLANTEAMIENTOS A DISCUTIR  EN LA ASAMBLEA: 

LO QUE NO QUEREMOS Y LO QUE NOS PREOCUPA


(Lo que sigue constituye una serie de puntos críticos de reflexión resumidos por el prof. Lázaro Álvarez que se proponían a la primera Asamblea de enero de 2012, nunca discutidos con la suficiencia que se merecían. Peor aún, un gran sector de esta comunidad zombi de hombres y mujeres sin voz, sin conciencia y sin verdadera vocación universitaria,  lógicamente, jamás se dieron por aludidos).


LO QUE NO QUEREMOS:
1. Que se imponga una orientación ideologizadora y políticamente servil de tipo político-partidista a la Universidad, utilizando lemas y eslóganes tergiversadores de sus verdaderas y altas funciones. Nosotros ya somos el pueblo. La universidad no es un botín a repartir por los cogollos partidistas.

2. Que se aparte o se minimice a la Universidad en su papel como actor esencial en la producción y difusión del conocimiento y la cultura. Y se le sustituyan sus funciones por las de otras instituciones sociales distintas.

3. Que se omita, se impida o se mediatice el ejercicio irrenunciable del pensamiento crítico y la propiciación de un espíritu libre ante el conocimiento, “ser y deber ser” de toda Universidad auténtica, para volver al sistema de “premios y castigos” de la fidelidad personal o política.

4. Que se trivialice o se vacíe de contenido el concepto definidor de autonomía  universitaria, haciéndolo algo difuso, impracticable y sujeto, condicionado y atado a las ejecutorias de un “Estado Docente”, cuyo concepto bien entendido sólo puede ser válido para educación primaria o secundaria pero no para el alto nivel cuya función debe ser crear y y transmitir conocimiento con libertad.

5. Que se privilegie, por encima de todo, el impacto social primario de la educación universitaria, reduciéndola, con ese pretexto, a pura “instrucción pública” y a la simple transmisión de destrezas probadas, eliminando o minimizando las  más esenciales de investigación o la realización de tareas creadoras de alto nivel o tareas intelectuales complejas. No a la desintelectualización y trivialización de la Universidad. La universidad no es una escuelita ni un liceo más grandecito ni un “Instituto de Nuevas Profesiones”.

6. Que las autoridades de turno se limiten, a mediano plazo, sólo a cuestiones puramente operacionales y de gestión administrativa básicos y simples (y además de un modo deficiente) y no se entreguen a crear, movilizar, debatir o desarrollar aspectos cruciales de la cultura y el conocimiento esenciales a la Universidad así como a la discusión abierta de la identidad y orientación de la Uney. No a los programas educacionales y postgrados portátiles y tapa amarilla. Sí, a la creación original con talento propio de la Universidad a través de procesos auténticos de crecimiento institucional.

7. Que se vulnere la estabilidad estructural y funcional de la Universidad para subordinarla o continuar subordinándola a grupos de poder externos o para continuar impidiendo o lesionando la profundización de su vida democrática.

LO QUE NOS PREOCUPA:
1. Que no se presente un estado diáfano de los procedimientos administrativos y legales que permitan una recuperación de la Universidad en el cien por ciento de sus funciones, y que represente, también, el retorno, o mejor, el inicio, por fin,  del cumplimiento exacto y verdadero del Reglamento interno.

2. Que aún, a más de cuatro meses de su nombramiento, las nuevas autoridades no hayan llamado a todos los sectores de la comunidad universitaria para discutir y aclarar su situación actual, apelando más bien a la inercia de la cotidianidad que pudiera terminar por  “normalizar” una cierta tradición de irregularidades y arbitrariedades de una crisis cuyos fundamentos no se revelan ni discuten nunca claramente. No existe un documento o un discurso coherente que defina sus perspectivas y su visión de la Universidad, como debe ser  de rigor en una institución como ésta. Podemos suponer que, probablemente, se deba, no porque lo oculten, sino  porque no tengan la capacidad de hacerlo.

3. Que se trivialice o se subestime el trabajo docente, administrativo y, en general, académico, bien hecho, a pesar de todos los errores, en doce años, y no se dé continuidad con dignidad a lo bien heredado. Y que más bien se apueste, malintencionadamente y, para evitar ser comparados con la gestión anterior, a su degradación y deterioro total o a una fusión artificiosa con el IUTY.

4. Que no sepamos a ciencia cierta, con planes y documentos muy concretos, si se reestructurará a la Universidad con el fin de garantizarle el cumplimiento de su reglamento interno, el funcionamiento estructural y un crecimiento institucional hacia una etapa de mayor madurez y hacia la creación de nuevos espacios académicos y de unidades y centros de investigación imprescindibles para tal desarrollo. O sólo con el fin de convertirla en  instrumento de acciones ajenas a su esencia. La Universidad Libre se construye abiertamente y entre todos, no bajo secretas ambiciones ni por cogollos ni grupitos de poder.

TRES PROPUESTAS ANTE LA ANOMIA O CRISIS DE LEGALIDAD DE LA UNIVERSIDAD
1. La creación o recuperación de gremios que, a pesar de sus limitaciones, puedan equilibrar la relación entre los factores de poder internos a la Universidad para garantizar decisiones más democráticas y mayor participación de todos. La Comuney, cuya directiva es elegida a discreción del Rector, es una fundación legamente sometida y genuflexa a la potestad de las autoridades rectorales que no ampara ni defiende a sus miembros frente a las posibles injusticias a que se vean sometidos. Por tanto, se debe crear, según las funciones, competencias e intereses de cada uno,  una asociación de empleados y una asociación de obreros y, en cuanto a los profesores, debemos solicitar a la directiva de la APUNEY que permitan la reconstrucción de  una nueva asociación  con el  sacrificio de su renuncia a la directiva actual y su reestructuración. Esto generará confianza  y permitiría llamar a elecciones en un plazo breve.

2. Que la Asamblea solicite formalmente, con un oficio y nuestras firmas, la intervención del Consejo Nacional de Universidades (y no del Ministerio) en el conflicto y declare, según el artículo 20, ordinal 14 de la Ley de Universidades, a la UNEY en “Proceso de reorganización” y designe sus autoridades interinas mientras se llama a elecciones en plazo de seis meses.


3. En última instancia, que la Asamblea introduzca, como vía más apegada a las leyes y como organismo con competencia de representación de la comunidad,  un Recurso de Amparo en el TSJ donde se declaren ilegales tanto a las autoridades anteriores como a las actuales y se llame a elecciones generales a mediano plazo. 

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