lunes, 15 de julio de 2013

LA ORQUESTA DEL TITANIC: endecha por la Uney.


“Mi patria es una isla/ mi patria es una roca/ mi espíritu es isleño/ como los riscos donde vi la aurora”.(Endecha popular canaria)
“La Orquesta del Titanic no dejó de tocar/ El fox de los ahogados sin consuelo”. Joaquín Sabina.
“En la estrecha cisterna que llamáis "Pensamiento"  los rayos del espíritu se pudren como parvas de paja. Basta de juegos de palabras, de artificios de sintaxis, de malabarismos formales; hay que encontrar -ahora- la gran Ley del corazón, la Ley que no sea una ley, una prisión, sino una guía para el Espíritu perdido en su propio laberinto. Más allá de aquello que la ciencia jamás podrá alcanzar, allí donde los rayos de la razón se quiebran contra las nubes, ese laberinto existe, núcleo en el que convergen todas las fuerzas del ser, las últimas nervaduras del espíritu…Déjennos, pues, señores, tan sólo son usurpadores; ¿con qué derecho pretenden canalizar la inteligencia y extender diplomas al espíritu?...” .(De: Carta a los Rectores de Antonin Artaud).
“Hay que escoger: o descansamos o somos libres”, (Tucídides).
Hoy, en el breve espacio –pero espacio, al fin-  político de la Uney, el estado de derecho prefiere suicidarse creyendo que así se libera mejor de un turbio pasado reciente y aún amenazante. Se olvida que, según el viejo Marx, las repeticiones de la historia se viven primero como tragedia y después como comedia.  Sus actores olvidan también que todo origen es entusiasta y prometedor. Que todo “libertador” o “fundador” no sabe aún qué semilla engendró tan oscuras heridas y si la llevaba en él desde los tiempos míticos de los orígenes o si la lleva en sí,  aún, como un súcubo o un alien de feroz mandíbula babeante, en nuestro largo sueño criogénico. Ni que, aquellos, que hoy prefieren olvidarse vergonzosamente, también fueron gloriosos y liberadores, y adulados en ese tiempo primigenio, antes que el Leviatán, el ogro filantrópico del poder,  empezara a nutrirse de la agridulce soberbia que nos rebosa a todos: algo quedó muy mal fundamentado.
El oportunismo y la ingenuidad se dan la mano aquí por una coincidencia feliz de circunstancias  en la que salió a flote, casi por accidente, la gran vulnerabilidad legal de la Universidad y el hecho lamentable de que quienes la conformamos estamos y estuvimos (y estaremos) a la intemperie y a merced del más fuerte. Y cuando la ley es tan relativa así, y tan maleable, aparece la arbitrariedad del “aquí mando yo” o del cuatribolismo del gomecismo-perejimenismo-leninismo revolucionario, supralegal, sobradote y superior. Triste legado éste, pues, que creímos mejor -y que soñáramos excepcional- donde la prevaricación y el abuso quedaron servidos en bandeja de plata como la tradición más viva en la administración de la Uney.
El escandaloso vacío legal que se revela,  a raíz de la súbita –y a su vez escandalosa- desincorporación y nombramientos del septiembre negro, sorprende a unos, mientras otros aprovechan el turbio momento para pescar, deslizándose subrepticiamente en las oficinas del poder. Otros más, descubriéndose a sí mismos ahora minoritarios y violentos, y sin las caras ropas de la altanería perdida, coléricos y apocalípticos, tardan  en ver su desnudez y su miseria. Por momentos creen que pueden construir palabras y sentidos con la hiel que supuran y no con el soplo ardiente del espíritu. Así, oportunistas, ingenuos y difamadores, se cruzan en el desordenado circo en que montan sus anémicos dramas, que casi dan risa: una risa amarga. Una risa como la de quien sonríe sobre el abismo.
Se trata del Caos, por supuesto, que no tuvo previa o alternativamente un Cosmos. La apresurada glorificación de algo que podía llegar a ser grande. Que se nos vendió así sólo para que, bajo el ritmo de los gritos de venta, nos dejáramos meter gato por liebre. Y que, en un instante también súbito, en la grieta inesperada que se nos abrió en septiembre, tuvimos la posibilidad de salir a la luz de la caverna y decir con palabras más propias a la Universidad: Ser libres. Pero los pasamanos del miedo, la miel agria del rencor, la ignorancia ciega y la rutina de las ambiciones volvieron por sus fueros. Pero, mucho antes de tiempo, ya teníamos la galería de héroes agasajados con los nichos prevenidos para los nuevos: algo fue mal fundado. Una estatuaria de bustos, ecuestres y oferentes,  sustituye rápidamente a otra, sobre los mismos pedestales y nuevas placas de conmemoración sobre los mismos sitios. Y así, nunca terminamos de llegar ni llega ningún agrimensor al  kafkiano Castillo, permanentemente lejos e incompleto, permanentemente en un sitio que no es suyo. Nuevas crónicas de la infamia son seguidas por falsas crónicas de la dignidad y nacen nuevos lacayos y amanuenses. El carapacho de una Universidad levantada con bloques baratos sigue sirviendo para justificar el uso de una pintura nueva y pone a resguardo todos los botines.
Y, en el breve tiempo en que siempre seguiremos ausentes o dormidos, lo que oímos como sirenas no son los ecos de la melodía deliciosa del son cubano ni los sonidos del cuatrico de denuncia social en que se glorificaba una Uney que no era, sino los acordes monótonos de la vieja  orquesta que sigue en sus rutinas mientras el barco hace aguas.

(PUBLICADO EN EL DIARIO TAL CUAL EL 10 DE NOVIEMBRE DE 2012)


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